12.3.10

Acerca del fin

A lo mejor, te has preguntado si es el fin, si la tierra te castiga, o si es sólo un episodio repetido y necesario en los ciclos del planeta. Sea cual sea tu respuesta, reconoces que sólo un fin es importante: el tuyo.
Pero, como nadie tiene esa respuesta, conviene vivir en paz, sabiéndose libre pero entregado a un destino: sólo el alma, en su más profunda verdad, intuye algo, cuando busca a tientas su sentido.
Santiago, 12 de marzo de 2010.

1.3.10

Chi-le

En las cornisas de un continente, casi una isla, casi un último peldaño hacia al abismo. En los confines del mundo conocido, una vertiente de penas, un collar de lamentos cae sobre los escombros y baja quejumbroso sobre las laderas húmedas y sucias de los cerros.
En las costas más humildes y olvidadas, allá donde olía a carbón y pescado, allá donde se amasa el pan de los pobres, allá mismo el agua, la madre mar entierra esas dichas para siempre.
En medio del rugido infernal de la tierra, en medio del manto mortal del mar, salen adelante los sureños, a pesar de los falsos hermanos (padres e hijos del saqueo) y se levantan una mañana de marzo, armando su mundo con las manos, ungidas de sangre y de lodo.
Bajo una enorme Luna Llena, se forja un Chile en el dolor, se yergue un pueblo nuevo, más humilde quizá, más hermano de una tierra tan bella e insensiblemente mortal.
Santiago, 1 de marzo de 2010.

25.2.10

En cierto modo, todas las cosas.

Una maleta lista. Unos ojos casi ciegos. Unas monedas. Un anhelo inmenso de encontrar. Una mirada. Una estela perdida en finisterre. Un andar que es ir, pero es volver. Un despedirse con un beso interminable. Un "hola" que no se repetirá jamás. Un no tener más pertenencias que unos zapatos en medio de un vagón. Un ser hermano del más pobre de todos los hermanos. Un vivir la vida como si fuera eterna, como si fuera muerte, como si no fuera.
Un saberse sin saber nada seguro. Un pensar que es un sentir profundo. Un sentimiento fuera de toda explicación.
Un alma en fin que es, en cierto modo, todas las cosas.
Santiago, 25 de febrero de 2010.

9.2.10

Sin maletas

Ni el ojo ciego, ni la voz que se apaga, ni la espera, ni el verso roto antes de surgir. La estela perdida de una rosa en la ventana, la luz dibujada de amarillo, la receta siempre vaga de la noche.
Así, unas letras llenas sin amor, unas ideas huérfanas de un bus, mirando a la pradera, se hilan rojas, tristes, ciertas.
Ahora, que prometimos no esperar, que impusimos no buscar, las maletas sobran, los planes rugen arrugados en los cuadernos. La mente calla, el corazón duerme. ¿Y la respuesta? oigo el mar.
Santiago, 9 de febrero de 2010.

28.12.09

Promesas

Digamos que aún es tiempo. Pensemos que todavía se puede rescatar de los escombros la promesa recibida en un diploma. Sintamos que de nuestra riqueza vestida de harapos, que de nuestra luz oscurecida, puede salir a flote lo mejor. Pintemos los senderos de los días que irán quedando, arriesgando, confiando, tratando de no mirar atrás, sino para agradecer el acto indesmentible de ser, de seguir existiendo, aunque estén muy lejos nuestros sueños y las estrellas sigan silenciosas su camino.
Así, a pesar de no ver en los cielos más que nubes y azules recovecos, donde dibujar anhelos, daremos alegres nuevamente las mañanas, con la nostalgia de ver atardecer entre los dedos, entregando a la noche la mitad de nuestra alma, esa que nos fue robada de la cuna y nos hace suspirar.
Así, a pesar de sentir que falta tanto, a pesar de haber perdido tantas cosas, daremos la última moneda, la sonrisa y la esperanza a quienes vienen detrás, a quienes no pueden no creer.
Y un mañana de mañana, podremos partir satisfechos a la casa, hecha de madera, fruto de nuestros brazos en los brazos del mar.
Así, libres al fin, podremos navegar...
Santiago, 28 de diciembre de 2009.